Por Jazmín Díaz.- Beber agua directamente de la llave era una práctica común en nuestro país hace varias décadas. Hoy, esa realidad ha cambiado por completo, ya que actualmente la gran mayoría de las familias prefiere consumir agua purificada, una costumbre que, además de representar un gasto fijo en el presupuesto del hogar, ha contribuido a disminuir la exposición a enfermedades relacionadas con el consumo de agua contaminada.
Así lo revela el Informe Básico ENHOGAR-MICS 2025, elaborado por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), el cual indica que el 85.1 % de los hogares del país utiliza agua embotellada como principal fuente para beber, mientras que el 5.7 % compra agua procesada distribuida por camioncitos.
Actualmente, el precio de un botellón de cinco galones oscila entre RD$50 y RD$100, dependiendo de la marca y del proveedor. Las embotelladoras menos conocidas suelen venderlo entre RD$50 y RD$60, mientras que las marcas más tradicionales y de mayor presencia en el mercado lo comercializan entre RD$80 y RD$100 por unidad.
Esto significa que una familia que consume entre dos y cuatro botellones por semana puede destinar entre RD$400 y RD$1,600 al mes únicamente en agua para beber, un gasto que aumenta en hogares con más integrantes o con mayor consumo.
En conjunto, los datos muestran que más del 90 % de las familias dominicanas consume agua tratada antes de ingerirla, una realidad muy distinta a la de décadas atrás, cuando era común beber agua directamente de la tubería, una práctica que podía aumentar el riesgo de enfermedades gastrointestinales, diarreas, infecciones intestinales y parasitosis cuando el agua no recibía el tratamiento adecuado.
Aunque el estudio no identifica las razones de esta preferencia, el crecimiento del consumo de agua purificada también responde a una mayor preocupación de la población por la calidad del agua destinada al consumo humano.
El agua de la tubería sigue siendo la principal para las tareas del hogar
Mientras el agua embotellada domina el consumo para beber, el agua suministrada por los acueductos continúa siendo la más utilizada para cocinar, limpiar, bañarse y realizar otras actividades domésticas.
La encuesta revela que el 57.8 % de los hogares recibe el agua para uso doméstico a través de una tubería instalada dentro de la vivienda, mientras que el 18.3 % la obtiene mediante una tubería ubicada en el patio, solar o terreno.
Estos resultados muestran que la mayoría de las familias dispone de conexión al sistema de distribución de agua, pero prefiere recurrir al agua purificada cuando se trata de beber.
El cambio en los hábitos de consumo
El crecimiento del consumo de agua purificada también ha impulsado la expansión de cientos de plantas embotelladoras y distribuidores de agua en todo el país, convirtiendo este producto en uno de los de mayor demanda dentro del presupuesto familiar.
Para muchas familias, comprar agua embotellada dejó de ser un lujo para convertirse en una necesidad cotidiana, especialmente en zonas donde persisten dudas sobre la calidad del agua que llega por las redes de distribución.
El impacto del consumo de agua contaminada ha quedado reflejado en varios episodios de salud pública registrados en el país. En noviembre de 2010, se confirmó el primer caso de cólera, enfermedad transmitida por el consumo de agua o alimentos contaminados, luego del brote que se originó en Haití. Durante los dos primeros años de la epidemia se notificaron cerca de 28,000 casos y más de 400 defunciones en territorio dominicano. Las autoridades atribuyeron parte del riesgo a las deficiencias en el acceso al agua potable y al saneamiento básico.
Años después, el país volvió a enfrentar nuevos brotes. En 2022, tras el resurgimiento del cólera en Haití, el Ministerio de Salud Pública emitió una alerta preventiva y confirmó nuevos casos importados y autóctonos, principalmente en sectores del Gran Santo Domingo como La Zurza, lo que obligó a reforzar la vigilancia epidemiológica y las intervenciones sanitarias.
Aunque el cólera ha sido uno de los ejemplos más visibles, las autoridades sanitarias han advertido que el consumo de agua no tratada también favorece la aparición de enfermedades diarreicas agudas, gastroenteritis, hepatitis A y parasitosis intestinales, padecimientos que históricamente han afectado con mayor frecuencia a niños y comunidades con limitaciones en el acceso a agua segura y saneamiento.



